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LOS CUENTOS DE ADRIANO URIBE.

Bucaramanga,Santander.1923-SantaFé de Bogotá, 1997.

 

LITERATURA INFANTIL, JUVENIL Y ADULTA. CUENTOS PARA TODOS.

POR QUE NO?

Veintinueve minutos después de la terrible explosión, las tres cuartas partes de los habitantes de ese lejano Planeta llamado Urania, dejaron de existir.

Sus ocho mil millones de habitantes, según cálculos aproximados efectuados por científicos de Plutonia, el Planeta gemelo de Urania situado a tres mil años luz, y que sin embargo era el más cercano, lo comprobaron con toda certeza.

No sólo porque venían observando por sus telescopios potentísimos la evolución y posible descubrimiento de vida humana en mundos ignotos, sino porque uno de los fragmentos del desintegrado Planeta Urania, convertido en Aerolito, fue hallado en los nevados picos de la Cordillera de los Andes, en ese país Andino y tropical.

No fue una casualidad el descubrimiento de esa masa compacta de roca volcánica, extremadamente densa, refractaria al fuego, inmune a la desintegración, que fue detectada y localizada por los sistemas de radar de Plutonia, ese 25 de Enero del año 2.003 de nuestra Era.

Fue una noche apacible y bella. Un reguero infinito de luceros y de estrellas inundaba de luz y de calor la tranquila Villa, donde cuatro amigos celebraban su quinto aniversario como miembros de una nueva y desconocida secta semisecreta : Descubridores de Planetas. Curiosamente no eran científicos. Eran simples observadores del comportamiento y de la naturaleza del ser humano. Sus reuniones casi siempre se efectuaban en horas de la noche, en el Salón de la Reina, de la Villa de San Juan de los Caballeros.

- Qué dicen los diarios ?, preguntó Antonio, el Cardenal.

- Lo de siempre, respondió Ricardo. Que el Medio Oriente no ha logrado un entendimiento y que Su Santidad eleva plegarias por la Paz del Universo.

- Te parece mal  que el Pontífice ore por la paz, Ricardo ? Dijo Antonio.

- De ninguna manera, contestó Ricardo. En mis setenta años de vida, todos los años el Pontífice ora por la Paz del mundo. Parece que al Papa actual Dios sí le va a oir. Dicen que es un Santo.

- Para llegar al Trono de Pedro hay que serlo. O por lo menos intentarlo ; dijo Antonio mirando benévolamente a su amigo. Y déjate de ironías en materia religiosa. No te cuadran, Ricardo.

- También hablan los diarios de una posible explosión cósmica en algún lugar del universo ; dijo Alfonso, tratando de desviar la charla a temas menos espinosos.

- Algo he leído , dijo Germán. Parece que por fin podremos detectar ese hermoso espectáculo. ¿Se imaginan al Creador, lanzando al espacio infinito, millones de fragmentos incandescentes de futuros mundos ? ¡ Eso si es pirotecnia !

- Hermosísimo espectáculo, dijo el Cardenal. Siempre he pensado con asombroso deleite en esa teoría, no muy comprobada, según la cual el actual Universo conocido tuvo su origen en la desintegración de la tremenda energía atómica contenida en una bola original, no más grande que una pelota de tennis.

- Esa es mi idea de Dios, dijo Alfonso. Yo lo imagino colmando el Espacio con miles de millones de mundos, en fracción de segundos, al simple impulso de su soplo Creador.

- Siempre que esos mundos no los llene después de seres humanos, dijo Ricardo. Sigo creyendo que la creación del hombre es un error de dios.

- Dios no comete errores ; dejaría de ser Dios, aclaró el Cardenal.

- Acepto, no fue un error. Fue un descuido, sonrió Ricardo. Insisto en que el ser humano es una porquería ; incluyéndome a mí, que soy casi perfecto.

Estaban acostumbrados a la irreverencia y al sarcasmo de su amigo, inofensivos para inteligencias superiores como las de ellos.

Entró el camarero. Sirvió wiskhy en tres vasos y vino en la copa del Cardenal. Traía también una bandeja con caviar y pasabocas Vieneses. Encendió el cigarro del Cardenal y ofreció cigarrillos Egipcios a los demás, y salió de la estancia.

Por unos minutos sólo s oyó una sonata de música clásica, asordinada, transmitida por el equipo radiofónico de la recepción, a todas las dependencias del Club.Los cuatro amigos, expertos en el arte casi olvidado de la buena tertulia, paladeaban con deleite su licor y aspiraban con fruición sus cigarrillos : eran conversadores profesionales.

- Si en este instante explotara nuestro Planeta, cuál sería tu último pensamiento ?, preguntó Alfonso.

- Pensaría en Dios. Y trataría de verlo. Curiosamente lo dijo ricardo, el menos creyente de los cuatro.

- Yo pensaría en mis padres, dijo Alfonso. A su edad sufrirían mucho ante un hecho tan terrible.

- Yo pensaría en mis hijos... y en mi esposa. Lo dijo Germán (el que había sido repudiado por su mujer y por sus hijos, cuatro años antes). Para bien o para mal, mío o de ellos, fue el vínculo más duradero que tuve, agregó.

- Y yo pensaría en...Susana, dijo el Cardenal.

- ¿Cómo ? dijeron al tiempo los tres amigos.

- Fue y es mi gran amor, susurró el Cardenal mirando a lo lejos, con nostalgia.

- Palemón, el Estilita, echó por la borda toda una vida de santidad por una mujer, dijo Ricardo. ¿Te condenarías por Susana ?

- Cómo será de firme mi amor a Dios, que ni Susana logró debilitarlo. Mi último pensamiento para ella sería el inútil trofeo de una batalla que ambos perdimos. Y que Dios ganó. Y hablemos de otra cosa, dijo el Cardenal. No vamos a morir en este instante.

Una inmensa bola de fuego atravesó por encima de la Villa, elevando la temperatura a más de 45 grados centígrados en esa apacible noche.

Los cuatro amigos, como todo el poblado, salieron precipitadamente a la calle y vieron extasiados la cola luminosa de una aparente estrella errante que se perdía hacia las cumbres andinas.

No era una estrella. Era un fragmento de la terrible explosión del Planeta Urania que, convertido en aerolito, fue a internarse en las nieves perpetuas de la Cordillera de los Andes.

Quince días después Antonio, Germán, Ricardo y Alfonso, detrás de un grupo de científicos, ascendían penosamente el pico más elevado de la mole andina. La expedición trataba de localizar el enorme aerolito rastreado por los telescopios del mundo entero, y ubicado por los sismógrafos de ese País Andino entre los cinco y los seis mil metros de altura, en un indeterminado lugar de la Cordillera Central de los Andes.

Cuatro días de penosos ascensos en el último intento de la inútil búsqueda, con tormentas de nieves perpetuas y temperaturas de varios grados centígrados bajo cero , tenían al borde del fracaso la intrépida expedición. Los científicos expidieron un ultimátum a todo el grupo : pasarían la última noche en su refugio de hielos perpetuos y, a la mañana siguiente, descenderían por la vertiente occidental, último e inexplorado camino de regreso a la civilización.

Antonio, Ricardo, Germán y Alfonso , a espaldas del grupo de científicos, concibieron un último y desesperado intento de localización del fragmento extraterrestre. Todos los cálculos y mediciones del área explorada indicaban que estaban en el sitio correcto del impacto del aerolito.

Sin pensarlo dos veces salieron de su refugio y, protegidos con escafandras contra hielos, escalaron doscientos metros hacia el Norte, último reducto no explorado por los científicos.

Un potentísimo haz de luz de color naranja, emanado de un invisible reflector de seis metros de diámetro, los cubrió en forma total y, lentamente, fue succionando sus cuerpos, ya en estado de ingravidez, a través de un túnel fantástico, hasta depositarlos suavemente dentro de una confortable estancia de ochenta metros cuadrados de diámetro.

Cuatro bellísimas mujeres salieron a su encuentro y sin siquiera tocarlos, fueron orientando sus pasos hacia cuatro cámaras de luz y de sonido. Ellas también eran ingrávidas. De repente la luz fue sustituída por una penumbra que envolvió a cada pareja, ya sola, dentro de su respectiva cámara.

Cada una de las cuatro hermosas Uranianas, porque eso eran, mujeres del casi extinto Planeta gemelo de Plutonia, revelaron a su respectiva pareja el objeto de su misión. Moviendo voluptuosamente sus labios, pero sin hablar, simplemente por transmisión telepática, expusieron su plan : el Consejo Interplanetario que rige el sistema solar, al cual pertenece el Planeta Urania, segundos antes de la explosión que irremediablemente extinguirá la vida de ese Planeta, las embarcó en esa Nave Espacial y las envió con destino a Plutonia, el Planeta gemelo. Su misión : engendrar una nueva raza con el aporte de los hombres de Plutonia.

- ¿Cómo supieron de nuestra existencia ? preguntó Germán a su pareja.

Sin saberlo, su pregunta fue telepática también.

- Una nave espacial que navegaba por los espacios infinitos, recogió en el vacío ésta cometa ; transmitió la Uraniana. Y mostró un pergamino de la época Sumeria, donde un niño había trazado tres figuras humanas : el padre, la madre y el hijo.

Los cuatro amigos estaban asombrados. Habían leído la historia del niño Sumerio que rogó al profeta Elías que, cuando ascendiera a los cielos, botara en el vacío su mensaje de vida humana. Era simplemente fantástico. Y se informaban al mismo tiempo, porque el mensaje transmitido telepáticamente a Germán, en su cámara de luz y de sonido individual, se retransmitia instantáneamente a las otras tres parejas.

- ¿ Y si me niego a su petición ?, preguntó Germán.

- No es posible, dijo la bella Uraniana. La vida tiene que seguir en mi mundo. Fecundadas las cuatro, habitaremos otro Planeta, ya elegido por el Consejo interplanetario y lo poblaremos de seres humanos. Ustedes no nos volverán a ver jamás.

- Aceptado, dijo Germán. Pero no sé qué diga el Cardenal.

- Sabemos de sus votos de castidad. Sabemos todo lo concerniente a su Planeta. Sabemos inclusive cuándo desaparecerán irremediablemente. Lo que no sabemos es si serán trasladados a otro mundo, como nosotros, dijo la Uraniana.

- Hablemos con el Cardenal, insistió Germán.

- Ya no es necesario, sonrió con dulzura la hermosa extraterrestre. Llevamos ya en nuestro seno, cada una, el germen de la vida. Y seremos madres felices de futuros bebés Plutoniouranianos.

- No entiendo, dijo Germán. ¿Seremos padres ? ¿Cómo ocurrió ? Lo dijo con infinita dulzura y con amor inmenso a su pareja.

- Nos han transmitido la vida como el aire perfumado a la flor. Como un rayo de sol atraviesa un cristal : sin romperlo ni mancharlo. Sólo en su mundo existe aún el pecado original. Es lo que les impide ser felices.

"Sin romperlo ni mancharlo". Lo habían leído desde niños. Y se refería al único Ser casi perfecto que conocemos. ¡O fue perfecto y por eso resucitó ?

Un haz de luz potentísimo, de seis metros de diámetro y de tonalidades color naranja, los expulsó suavemente de la Nave y los depositó en la nieve, a pocos metros de su refugio.

Veinte días después , en el Salón de la Reina, del Club Privado de la Villa de San Juan de los Caballeros, Antonio, Germán, Ricardo y Alfonso departían alegremente al calor de unos vinos sobre su fracasada pero excitante expedición a uno de los picos más altos del nevado andino, en busca de un aerolito. ¿ De las Uranianas ? Nada. Habían olvidado (o nunca ocurrió ?) totalmente ese episodio.

FIN.

ADRIANO URIBE.

SANTAFE DE BOGOTA, Marzo de 1993.

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Fecha de la última modificación : Sábado, 18 de Marzo de 2006