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X     X     UNA CONVIVENCIA ARMONICA PARA LOGRAR EL DESARROLLO.         X     X     X

[En construcción]

 

 

SOCIEDAD CIVIL - JAIRO SANDOVAL FRANKY

Jairo Sandoval Franky - Red Colombia-paz

TESIS                                 

En un contexto de caos social, discordia civil y déficit político- gubernamental como el de la Colombia actual, la SOCIEDAD CIVIL se presenta como el instrumento propio e idóneo para llevar a buen término la regeneración democrática sin la cual la República permanecerá indefinidamente en el ámbito de la anarquía.

LA SOCIEDAD CIVIL: DEFINICIÓN, FORMACIÓN Y UTILIDAD  

La sociedad civil es una construcción societal que no imita la estructura de los Capitolios ni tampoco la de los centros comerciales. Con el sector privado comparte el legado de la Libertad [.] pero, a diferencia del sector privado, busca un espacio común y un activismo consensual, integrativo y colaboracional. (Benjamin Barber)  

Con esta definición el científico social fija la posición de una SOCIEDAD CIVIL sita entre la anarquía del mercado y el paternalismo de los gobiernos. Entre el gigantismo de estos gobiernos y la avaricia de aquel mercado. Entre el palenque donde lo único relevante es el consumo y el universo donde el ciudadano es apenas una hormiga con derecho al voto.   

Incumbe recalcar que el concepto de la SOCIEDAD CIVIL cobra hoy una importancia capital en la definición del debate mundial en torno a los prospectos de la democracia, su reforma y mantenimiento. Las nuevas ciudadanías nacionales se vienen definiendo sobre la mutualidad de cuatro elementos: 

1. La Responsabilidad Recíproca: Si el gobierno se autoelige árbitro de todo, extenúa la iniciativa ciudadana. La nueva alternativa crea reciprocidad entre los derechos y las responsabilidades. El gobierno expande las oportunidades ciudadanas de tal manera que por cada beneficio recibido deba el ciudadano devolver un servicio equivalente. 

2. Gobierno Catalizador: Urge desmantelar la burocracia que monopoliza y despilfarra los recursos comunitarios. Una catálisis que permita al ciudadano y a las comunidades resolver por sí mismos sus propios problemas. 

3. La Cultura  Cívica:  Se busca trascender la identidad de grupo y de los sociotipos, para auspiciar las virtudes colectivas de la tolerancia, el optimismo, la autosuficiencia y el activismo cívico a nivel nacional. 

4. La Sociedad Civil: Se impone ésta la tarea de forjar un "Tercer Dominio" que rompa el binomio de hierro Gobierno/Sector Privado a favor del fortalecimiento de organizaciones educativas, voluntarias, religiosas, indigenistas, culturales, científicas, regionales, feministas, populares, etc.  

La SOCIEDAD CIVIL precisa transmitir inter partes el hábito de la participación y de la responsabilidad cívica. Es la forma de obtener lo que se denomina "Empowerment" (potestad), sin cuyo usufructo corre el riesgo de ser aplastada por los gobiernos, comprada por los empresarios o cooptada por los políticos.  En su talante operacional la SOCIEDAD CIVIL no es un enemigo de nadie, pero sí un juez implacable de todo. Se trata del concepto del "Accountability" (rendición de cuentas) que exige de las entidades gubernamentales y del sector privado.  

Lo político. La SOCIEDAD CIVIL se ubica estratégicamente en el cruce de caminos de los organismos sociales que avanzan (o debieran avanzar) la tarea de proteger al individuo y  la forma democrática de manejar lo público.  

Incumbe tener en cuenta que el propósito de la SOCIEDAD CIVIL no es conquistar el poder, sino influir sobre las actuaciones de los gobiernos, los actores políticos y el mercado.  Y, por utópico que parezca, forjar un espacio para las asociaciones cívicas que respondan afirmativamente a las demandas de crear altura cultural, paz, orden, recreación social o simple solidaridad humana.  

A pesar de la globalización,  la importancia de lo local aumenta, y por ende el papel de la SOCIEDAD CIVIL es más importante que nunca. La SOCIEDAD CIVIL se juzga como el heraldo de la democracia emergente, toda vez que los individuos son los primeros en forjarla, para luego ser objeto de la atención de las leyes y de las constituciones.  

Capital social. La vida es más fácil en una comunidad bien munida de capital social. Las redes de participación cívica promueven la norma de la reciprocidad ciudadana y la confianza pública. El oportunismo tiende a desaparecer cuando lo económico y lo político se apoyan en un amplio enjambre de interrelaciones sociales [.] El "yo" parece convertirse en "nosotros". (Robert Putnam)  

La expresión "Capital Social" dice referencia a esas características propias de la organización social -redes ciudadanas, normas de conducta, fidelidad comunitaria- que facilitan la cooperación en pro del bienestar público.  

Así como el capital físico fortalece la productividad económica, así también el capital social crea confianza colectiva y facilita la cooperación con que se lleva a buen concierto los fines mancomunados de las naciones. Urge aclarar que el capital social no es propiedad de quienes lo manejan, por el contrario, es un "Bien Público". Y dada la atmósfera de confianza que produce, es un ingrediente vital para el desarrollo económico y la télesis social (cambio planificado). Es decir, el capital social produce riquezas materiales. Porque las comunidades humanas no se tornan "cívicas" porque sean ricas, se vuelven ricas porque son cívicas. El capital social es el circulante ético con que las naciones llevan a efecto sus  transacciones comunitarias y fortalecen las económicas. Además, a diferencia de los recursos naturales, si el capital social no se usa, tiende a desaparecer.  

Paradojas de la Sociedad civil. No es para ponerse en tela de juicio que la SOCIEDAD CIVIL puede ser mal usada: 

1. De existir en su seno normas o grupos incurrentes en actividades antisociales, el resultado podría ser el aumento de la discriminación racial, el desequilibrio cultural, el odio religioso o la pugna de clases.  

2. La SOCIEDAD CIVIL también podría destruir el comunitarismo, así como las libertades públicas, si promoviera el faccionalismo exagerado de las comunidades, en su intento por diversificarse. 

3. Debido a la centralización de algunas asociaciones comunales, podría ceder ante las presiones indebidas del Estado o del mercado. 

4. En adición, la existencia nominal de organizaciones civiles no asegura la legitimidad de dichas organizaciones, como que algunas de ellas podrían ser simples fachadas deceptivas para el ejercicio de actividades antisociales. El antídoto contra lo anterior pareciera ser la integración del trabajo organizacional privado con el nacional para crear una cohesividad tanto horizontal como vertical, la misma que mobilizara el ethos ciudadano y lo retroalimentara a las comunidades. 

En fin, la SOCIEDAD CIVIL podría restringir, pero de forma estocástica (indeterminada), la formación de mayorías democráticas, si influyera en el proceso político de manera voluntarista, si impusiera un sistema de compromisos indeseados en la ciudadanía, o si promoviera favoritismos o exclusivismos regionales, profesionales o de clase. Con excepción del concepto de la "Democracia", ninguno otro recibe tanta atención como el de la "Sociedad Civil" en los debates sobre los cambios requeridos  por los regímenes contemporáneos [del mundo] (Philippe Schmitter).  


La SOCIEDAD CIVIL colombiana se debe persuadir, además, de estar encarando los siguientes problemas: 

1. Cierta tendencia  por parte de la ciudadanía si no a la amoralidad, sí a la pasividad, y a cierta fatiga psicológica por parte del universo asociacional en cuanto a sus deberes públicos. 

2. Un flagrante desconocimiento, por parte de la burocracia estatal, de las leyes éticas que la rigen y por parte de los grupos subversivos que operan en el país, de los derechos civiles del individuo. 

3. Una cultura nacional de corrupción y violencia generalizada que entorpece el trabajo social del tercer sector.


El "ser y el no ser" de la democracia colombiana

En el momento actual, dos proposiciones claves, pero al parecer antagónicas, tienen aplicación válida para la calamitosa República de Colombia, a saber:

1. Que, en términos político-sociales, Colombia es el país latinoamericano más desarticulado y caótico.

2. Que Colombia se perfila como la vanguardia exitosa de una nueva democracia continental.

Todo en el caos actual de Colombia tiende a corroborar lo primero -su desarticulación-, y a ofuscar o refutar lo segundo -su promisoria democratización. Sin embargo, es lo cierto que la neodemocracia colombiana se viene manifestando de tiempo atrás como el producto epigenético (valga decir, modelado en el curso) de la prolongada descomposición política de la república. O, si se quiere, que en el mismo caos que golpea a la nación va implícita, se gesta el desarrollo democrático y se anuncia la epifanía de la Colombia del siglo XXI, es decir, el aflorar de un paradigma social para una buena parte de América Latina. Nuestra barbarie presente es, entonces, el heraldo de la nueva Colombia. La nación tiene razones para el optimismo.

Conscientes de lo anterior ¿podríamos los colombianos suscribirnos a los siguientes enunciados?:

# Nuestra violencia política, por execrable que sea, 

a) es directamente proporcional a la intensidad y al número de las injusticias sociales que la alimentan; 

b) es más un proceso de regeneración que uno de descomposición; 

c) ha proliferado porque el Estado y las Fuerzas Armadas han contribuido, por omisión, a exacerbarla; 

d) puede ser erradicada mediante una tinosa combinación de fuerza y de persuasión pacífica; 

e) perdurará hasta que todos nosotros, incluyendo a los "colombianos de bien", no nos responsabilicemos por su existencia y virulencia; 

f) no podrá ser erradicada si la sociedad civil colombiana no se involucra empíricamente en su análisis, promueve su entendimiento y sobrevigila su desmantelamiento; 

g) tampoco si el Gobierno, la casta política, sus partidos y la Iglesia Católica, incrementalmente se autodefinen árbitros y principales ejecutores del proceso reformatorio; 

h) no disminuirá hasta tanto la insurgencia y el paramilitarismo no se persuadan de que conformando, como conforman, las dos caras de Jano, si no conviven, no viven. Y de que si no cambian los cilindrazos de la muerta por las campanadas por la vida, sus reivindicaciones se antojarían inmerecidas y su lucha estéril.

Dándose por aceptado lo anterior, una cosa salta de inmediato a la vista, y es ésta: que ni el Estado colombiano, ni los gobiernos nacionales, ni la clase política (que rige y además entorpece lo cultural, lo social y lo económico), gozan de los antecedentes o tienen el herramental que los amerite para liderar el paso a la nueva democracia que demandamos los colombianos. 

Dicho de otra manera, recae sobre la sociedad civil colombiana (como en momentos de crisis ha recaído en la de toda colectividad democrática occidental) la tarea de reproducir -con la anuencia del Estado y el sector privado- en un plano más elevado que el anterior los vestigios sanos y redimibles de su democracia. Urge, entonces, a esa sociedad civil, encontrar los lineamientos y las actividades que, "mutatis mutandis", apliquen en Colombia y la coloquen en el camino de la bienandanza. 

Jairo Sandoval Franky Permitida su circulación


Saturday, May 13, 2000 2:02 PM

Jairo Sandoval Franky. 

¿Para qué sirve eso que llaman 'Sociedad  Civil'?  

 'La ciudadanía... es el único repositorio seguro y válido de los derechos  públicos y, por lo tanto, debe administrarlos siempre que pueda'. Thomas  Jefferson.  

 Así como el Espíritu Santo está en todas partes, así también lo está la  sociedad civil, aunque pocos logren palparla. Tal es el aforismo con que se  desfigura a un ente social que desde la más remota antigüedad ha ido dando  vida política a las naciones. Definir a la sociedad civil es difícil y,  quizás, imprudente. Mostrar sus parámetros externos, imposible. Pero  describir su utilidad, tabular sus cometidos y elucidar su modus operandi no  presenta mayor inconveniente. En la Colombia actual, comporta que la  sociedad civil se manifieste, se vigorice, y se coloque, por su propia  volición, en el puente de mando de lo que será la ardua lucha por nuestra  segunda república. Porque es evidente que ni el gobierno inepto que la  república padece, ni su Congreso putrefacto, ni los inoperantes partidos  políticos, tienen el arresto o la autoridad moral para revitalizar el  maltrecho orden civil de la nación. Por substracción de materia, si no fuera  por derecho propio, cae sobre la sociedad civil la tarea de liderar -sin  adlátares o infiltrados- la transformación político-social de Colombia.  

 La preeminencia de la sociedad civil, dentro de un arreglo democrático de  república, es absoluta, es autónoma, inalienable y totalizante. La sociedad  civil configura el poder nacional por excelencia. Puede, a su razonado  arbitrio, determinar o alterar el régimen constitucional y el rumbo político  nacionales, puede escoger por sí misma la instrumentalidad y designar las  voces con que lleva a buen puerto sus designios, que son los comunales. La  sociedad civil, no busca enemigos. Primero, porque está más allá de la  enemistad y, segundo, porque su función es la de construir. Bien que le es  dable obliterar toda oposición sesgada y todo opositor aleve. Por ejemplo,  dar al traste con todo aquello que entorpezca el curso, o dilate el proceso  de la regeneración civil de una nación. La sociedad civil colombiana  necesita de una actitud vigilante: impedir que las bandas crapulares que  merodean en el país infiltren sus células, valga decir, necesita cerrarle el  paso a los políticos y a la mayoría de los parlamentarios, desnudarlos y  neutralizar sus patógenos.  

Tarea urgente y primaria de la sociedad civil colombiana es la de aglutinarse en un cuerpo deliberante. Crear un organismo flexible y supracorporativo que recoja el dictamen individual de sus componentes, lo  catalice, para que luego pase a la población sintetizado en programa de acción.  

 ¿Cuáles serán las voces dirigentes de la sociedad civil colombiana? Ella  misma las ira creando. ¿Cuál su programa inmediato? Llevar a cabo su propia  consulta plebiscitaria. Es decir, auscultar formalmente el querer popular en  lo tocante a las enmiendas políticas que necesita el país, darles estructura  y ponerlas en movimiento. Su siguiente programa debe ser apropiarse de las  conversaciones que el Gobierno lleva a efecto con la insurgencia sobre el  futuro ordenamiento civil del país. El tercero: organizar y dirigir una gran  convención nacional. De ella sandrán, con su aprobación, los programas de  acción nacional y sus ejecutores.  

 Lo anterior significa que la sociedad civil colombiana debe rechazar el  referendo que intentan imponer el gobierno, enmendar el Congreso y  usufructuar los partidos políticos, y lanzar su propia convocatoria. Los  referendos que hoy se debaten son una propuesta de políticos, para políticos  y en pro de la política, un tris esterilizada, sí, pero, al fin y al cabo,  de la política de siempre. Estos referendos se le están vendiendo al país  como si se tratara de una mercancía certificada. No obstante, quienes los  proponen son un Gobierno clientelista, un Congreso irresponsable, ineficaz y  corrupto, y quien lo ratificaría con su voto es una sociedad amedrentada y  confundida. Esos referendos están viciados ab initio.  

 Ahora bien, en un país como el nuestro, es inevitable que los leguleyos  hablen, y que hablen con fuerza. Es previsible, entonces, que de este sector  (el abogadil y el de las Cortes) surja la oposición más vociferante a la  sociedad civil. Pero como ésta sabe que los leguleyos hablan en  representación del sector social de que forman parte y de los intereses  creados que comparten con ese sector, ya se echa de ver que la querella de  la sociedad civil no es contra los voceros jurisprudenciales de la casta  política, sino contra la casta política. Y como también sabe que esos  juristas sucumben bajo el peso de las seducciones doctrinales de su  ideología, y que divorcian su juicio del integumento societal que debiera alimentarlo, entonces la sociedad civil deberá hacer caso omiso de todo argumento legal que se atraviese en su camino. Todo traficante en incisos, artículos y leyes, debe recibir la execración de la sociedad civil, y los juristas del status quo, los que permiten que su labor especulativa se volatilice en farsa y evitan que la realidad histórica cale de profundo en  sus dictámenes, deben ser cocidos en su propia salsa.  

 Por otra parte, los medios de comunicación y la insurgencia deben, los unos,  apoyar el trabajo de la sociedad civil, y la otra, aproximarse a ella como a  su interlocutor natural. Porque la sociedad civil no es un instrumento que  aprueba lo que otros poderes deciden, sino que decide (modo -y, pro bono-  suo) lo que los otros poderes tendrán que obedecer.  

 A la sociedad civil colombiana no se le puede detener; no se le puede  ignorar, y no se le puede cooptar. 

Jairo Sandoval Franky  


Ultimamente la sociedad civil ha venido  tematizando su nueva estrategia de avance y creando las reglas del nuevo  juego democrático. Y autolimitándose: 1. Diferenciándose de la sociedad  política, a la que no pretende sustituir, pero si regenerar. 2.  Deslindándose de las relaciones mercantiles, es decir, del sector  corporativo privado. De esa manera rechaza el reduccionismo que antaño  identificaba a la sociedad civil con el mercado económico y la colocaba  dentro de la sociedad política.  

 La sociedad civil contemporánea lucha por ubicarse en un Tercer Dominio que  no se presenta como enemigo inveterada del Estado, pero que sí lo fiscaliza  y reconstruye desde una matriz cultural independiente. Lo anterior se  entiende como: la habilidad de los individuos a responder y a identificarse  con los otros sobre la base del mutualismo [...] sin tener que calcular las  ventajas individuales y sin que sea obra de la compulsión, según el dictado  de Edward Shils. Es el concepto de la civilidad: o sea, buscarle al  conflicto de los intereses individuales en pugna una solución equitativa  dentro de la colectividad.

 

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