FUENTE: Revista Semana Edición 1252 www.semana.com.co
Aquel mes de junio los estudiantes de uno de los más exclusivos
colegios bilingües de la capital del país estaban particularmente eufóricos por
la cercanía de las vacaciones. Varios de ellos terminaban su secundaria, por lo
que empacaban maletas para irse al exterior a cursos de verano o a prestigiosas
universidades. En plena celebración comenzó a circular un rumor que lo
ensombreció todo: uno de los estudiantes que se graduaban habría violado a dos
de sus compañeras.
El hecho, de por sí doloroso, adquirió mayor notoriedad pues el joven es
miembro de una prestigiosa familia y las jóvenes son hijas de funcionarios de
las embajadas de Estados Unidos y de Japón. Hoy las dos jóvenes –los hechos
ocurrieron en junio pasado cuando ambas promediaban los 17 años– ya son mayores
de edad. Además, según su familia, la embajada de Estados Unidos le quitó la
visa al muchacho y le truncó el sueño de ir a ese país a seguir sus estudios.
Para enredar aun más las cosas, seis meses después, una tercera estudiante, de
nacionalidad francesa, interpuso una demanda contra varios de sus ex compañeros
de colegio y señaló que son amigos del joven protagonista.
Todo comenzó en la tarde del 2 de junio, cuando el muchacho, que ya era mayor
de edad –tenía 18 años–, se destacaba por su altura –1,83 metros– y era
considerado uno de los jóvenes más atractivos del colegio, estuvo bailando
durante un tiempo con una adolescente de nacionalidad japonesa e hija de un
importante funcionario de la embajada nipona en Bogotá. Hay varios testigos que
afirman haberlos visto disfrutar de la rumba en uno de los bares de la zona
rosa de Bogotá, un lugar adyacente al barrio El Retiro donde habitan los
protagonistas de esta historia.
Al entrar la noche, ambos se retiraron del local por un rato y se dirigieron al
edificio en donde vive el muchacho. El celador del edificio testificó ante la
Fiscalía que las dos personas llegaron caminando y bajaron hacia el parqueadero
en donde estuvieron en la parte de atrás de su carro durante un espacio de 15
minutos. Luego subieron y la joven regresó al bar, en donde estuvo otro rato.
Según la Fiscalía, la mejor amiga de la joven dijo que ésta manifestó su
inquietud únicamente porque se le había perdido el celular. Entonces llamó al
joven. Él se presentó y entre ambos buscaron el aparato dentro del carro y se
despidieron. Por el momento, en eso terminó el episodio.
El día 12 del mismo mes de junio hubo una fiesta en otro bar. En esta ocasión,
el muchacho estuvo bailando con la compañera estadounidense. Igualmente varios
testigos afirman haberlos visto juntos. Algunos incluso les aseguraron a las
autoridades que se vieron muy contentos. Luego se marcharon hasta el Cafam de
la calle 85. Ella se quedó afuera y él entró y compró unos preservativos, según
la copia de la factura presentada ante las autoridades. Luego se fueron al carro
estacionado en el mismo edificio.
Al rato, el joven sacó el automóvil y la llevó a su casa. Según el testimonio
del muchacho, él la llevó en el vehículo porque vio que ella no se sentía bien.
Fue y la dejó en la portería y se devolvió para su edificio. El portero vio a
la joven muy mal, la subió y alertó a su madre. Ella de inmediato salió con
ella a la Clínica del Country para someterla a un riguroso examen.
Los resultados dicen que ella tenía altos grados de alcohol y muestras de semen
en el algunas partes de su cuerpo. La madre estadounidense alertó a las
autoridades, que después de las pesquisas dieron con el paradero del joven para
que diera una versión de lo que había ocurrido. La madre de la joven lo acusó
de haberla sedado y violado. Al conocerse la versión de la familia de la
norteamericana, la japonesa también se presentó y dijo que a ella le habían
hecho lo mismo.
El joven se defendió, y dijo que tuvo relaciones sexuales consentidas con la
estadounidense y un momento de intimidad con la japonesa. Puso como testigos a
los compañeros que los habían visto departir amistosamente, al celador que las
vio entrar voluntariamente y al hecho de que en el primer caso le había ayudado
a buscar el celular, y en el segundo, él mismo la había llevado a su casa, a
pesar de que ella tenía pensado ir a dormir donde una amiga.
Sin embargo, ambas jóvenes dijeron que lo habían hecho bajo los efectos de un
sedante que, según ellas, él les suministró en el bar. El abogado defensor
argumentó que la versión de la japonesa era muy frágil y que generaba dudas el
que hubiera tardado tanto tiempo en poner la denuncia. Y que sólo lo hizo
cuando en el colegio empezó a rodar el rumor de que ella había sostenido una
relación sexual con el acusado. En el caso de la niña estadounidense sí se
anexaron al proceso los resultados de los exámenes hechos en la Clínica del
Country.
El asunto estaba en la Fiscalía cuando en el colegio se conoció el rumor de la
existencia de unas fotos en las que aparecen varios jóvenes del colegio
sosteniendo relaciones sexuales. Una de las abogadas de las niñas reconoció la
existencia de las fotos. Hay, por ejemplo, fotos en las que aparece una joven
estudiante de 17 años mientras tiene relaciones con un joven de 15 años. Según
los abogados del muchacho, como el escándalo por las supuestas violaciones
estaba en el aire, muchos empezaron a asociar las fotos con el nombre del
joven. Sin embargo, la joven francesa demandó por violación a unos ex
compañeros del colegio y no al muchacho de los episodios anteriores.
El muchacho aclaró que él no tiene nada que ver e insiste en que en sus
relaciones no forzó a nadie. Para la parte acusadora, está claro que una
muchacha puede sostener cierto grado de intimidad, lo cual no le quita el
derecho a interrumpirla cuando ella quiera. La mujer es autónoma para hacerlo y
su decisión debe ser respetada y acatada porque, de lo contrario, estaría
siendo abusada.
Al margen de las decisiones definitivas que imponga la justicia, el hecho sacó
a la luz las enormes fallas de muchos padres de estratos altos en la educación
de sus hijos y la debilidad conceptual de éstos para asumir su sexualidad. ¿Por
qué? Según un sicólogo, debido a las múltiples ocupaciones de sus padres, en la
práctica hay toda una generación de clase alta que se está formando en compañía
de los escoltas y del personal que tienen a su servicio. Es decir, los menores
transcurren sus días dando órdenes e imponiendo sus puntos de vista sin que
nadie los corrija, y donde hay una crisis de valores en torno a lo que
significa el poder, el dinero y el placer. Esto los lleva a equivocar los
conceptos de autoridad y los límites que deben tener en sus acciones. En
especial las relacionadas con su sexualidad porque lo único definitivo en este
caso es que alguien está diciendo mentiras.
Fecha: 04/29/2006 - Edición: 1252 No. Palabras: 1187