Según cifras de la Superintendencia de
Notariado y Registro, el año pasado se tramitaron en notarías 8.273 divorcios
en todo el país. A estas pueden acudir las parejas que desean divorciarse de
mutuo acuerdo. La Sala administrativa del Consejo Superior de la Judicatura
informa, por su parte, que en el 2007 se liquidaron 770 sociedades conyugales
en juzgados de familia.
Desafortunadamente,
las relaciones no siempre son ‘color de rosa’ y mantener un matrimonio se ha
convertido en un gran reto para las parejas de hoy día.
“Desafortunadamente, no se tiene una visión clara del matrimonio. Algunos se
casan y desconocen en qué consiste el compromiso que cada uno debe hacerse
consigo mismo y con el otro. Cuando no existe suficiente madurez emocional e
intelectual, el vínculo se rompe con mayor facilidad”, afirma la sicóloga Nohra
de la Espriella.
El
matrimonio –sostiene- no es una atadura pero algunas parejas lo ven como tal y,
por eso, fracasan. La falta de comunicación asertiva, explica, es una de las
mayores causas de divorcio, muchas veces por el miedo a la desaprobación o a
recibir respuesta que no se desea oír. En una relación de pareja es importante
ceder, tener expectativas reales, confiar en el otro y comunicarse
permanentemente, entre otros aspectos.
“El
divorcio se da cuando se elige inadecuadamente a la persona. Hombres y mujeres
salen de sus hogares tristes y frustrados por la experiencia que vivieron en
casa y se casan con la primera persona que encuentran en el camino”, afirma,
por su parte, Martha Patricia López, especialista en educación y orientación
familiar.
Otras
razones que llevan al fracaso, según la experta: desamor, uniones por dolores y
penas comunes, monotonía, agotamiento y descuido de lo cotidiano. Este aspecto,
explica la especialista, consiste en que ambos caen en la rutina, olvidan los
detalles y no se preguntan entre sí cómo quieren y necesitan ser amados.
Jeannette
Luppi Beltrán, abogada especialista en derecho de familia, comenta que, en la
práctica, dos de las causales más frecuentes de divorcio son, precisamente, el
mutuo acuerdo y la separación por dos años. A los estrados judiciales, agrega,
solo llegan los casos en los cuales no existe acuerdo entre las partes. Un
proceso de divorcio en un juzgado de familia puede durar de dos a cuatro años.
La ley
contempla nueve causales de divorcio. “Tanto los jueces como los abogados que
tramitamos los divorcios, propendemos por que haya conciliación y se mantenga
el matrimonio; no podemos perder de vista el precepto constitucional donde la
familia es el núcleo de la sociedad”, dice la abogada.
¿Cómo
es una pareja funcional?
¿Sabía
usted que un buen matrimonio y un cónyuge amoroso ayuda a las mujeres a liberarse
del estrés del día? Según el estudio de la Universidad de California, una unión
feliz parece mejorar la recuperación fisiológica después del trabajo.
Escoger
a la persona adecuada – no perfecta- debe partir de la intuición y el sano
juicio, valorando aspectos como: él o ella gozan de suficiente madurez e
inteligencia emocional que les permite medir lo que van a hacer y cuál es el
proyecto de vida que van a construir juntos, sin que alguno de los dos
controle, cargue o domine a su cónyuge; sus metas a nivel profesional se están
cumpliendo y se desenvuelve de manera responsable y coherente con lo que él o
ella son; viene de una familia sana y respetuosa; no tiene vicios, no es
maltrador (a), tiene un buen manejo del dinero y posee y proyecta valores humanos.
Una
relación de pareja debe soportarse en cuatro aspectos: afecto, comunicación,
sexualidad y manejo del dinero. Si alguna de ellas falla, las demás se afectan.
El
primero habla del amor y el respeto (valorar al otro desde mi propia
valoración) entre dos personas; el segundo, un diálogo amplio y asertivo en el
cual cada uno expresa lo que siente, necesita y proyecta, de manera libre y
espontánea, sin lastimar al otro; la sexualidad se relaciona con la manera de
comunicarle a la pareja, de forma asertiva, qué quiero, cómo lo quiero, cómo me
gusta y qué me hace sentir bien o mal. Finalmente, el manejo del dinero: gozar
de un equilibrio a la hora de gastar y ahorrar. No irse a ningún extremo.
Cuando
estos aspectos funcionan armónicamente y la relación goza de un vínculo fuerte,
la pareja está lista para pensar en tener hijos. Según la especialista en
educación y orientación familiar Martha Patricia López, ser padres implica un
papel clave: asumir y fortalecer el aspecto emocional y efectivo de los niños y,
además, encargarse de formarlos para la sociedad desde una base afectiva
muy sólida.
¿Cuándo
optar o no por divorciarse?
Si el
amor dejó de existir, la relación es insalvable. También, en caso de que haya
elementos patológicos que le impidan a la pareja estar en convivencia -como
alcoholismo, adicción a drogas sicoactivas, al juego, así como maltrato físico,
verbal, emocional o moral- y que no están en plan de recuperación (no existe
acompañamiento terapéutico para solucionarlos). En este caso es conveniente que
la pareja se separe.
La
infidelidad, por ejemplo, es una forma de maltrato sicológico y moral, dice la
sicóloga Nohra de la Espriella. No es solo que el hombre o la mujer se acuesten
con otra persona, sino que la pareja afectada siente vulnerada su autoestima
(‘¿soy tan poca cosa que tuvo que buscarse a otra mujer?). En este caso, le
cuesta más trabajo perdonar, pierde la confianza y el fantasma del engaño
permanece.
En
cuanto al maltrato, una persona maltratadora se caracteriza por calificar a los
demás de manera negativa, utiliza sarcasmos, le cuesta trabajo ejercer la
humildad, posee baja tolerancia a la frustración y tienden a ser impulsivos.
En caso de que aún exista amor entre la pareja y ambos deseen darse una nueva
oportunidad, deben acudir al duelo y al perdón; cerrar el ciclo y seguir
adelante con fines constructivos.
Incluso,
un programa de televisión estadounidense, conducido por la sicoterapeuta Robi
Ludwig, le apostó a resolver en siete días las crisis de parejas al borde la
separación o el divorcio. Cada episodio cuenta la historia de una en
particular, en su último intento por permanecer unida. El reto: cancelar sus
compromisos y dedicarse una semana completa al programa, a través del cual los
televidentes siguen el día a día de ambos, viviendo cada uno de sus disgustos y
desacuerdos, así como la manera de solucionarlos.
Ludwig,
mientras tanto, observa la interacción de la pareja e interviene con ejercicios
que les ayudan a expresarse abiertamente y darse cuenta de la manera como sus
acciones afecta al otro.
La
terapia de pareja puede ser una opción cuando la relación se esté deteriorando
y ambos desean mantener su vínculo. Esto no implica que el matrimonio se salve,
pues es factible que descubran que no deben seguir juntos, debido a que existen
más elementos destructivos que constructivos.
Si,
finalmente, se toma la decisión de separarse, deben romper con el vínculo
sanamente: elaborar duelo, perdonar y dejar atrás el resentimiento, de manera
que puedan construir, a futuro, otra relación de pareja. Cuando no hay hijos,
deben seguir siendo padres y demostrarles que el amor de padres a hijos está
intacto. No involucrarlos y hacer acuerdos.
Causales
de divorcio según la ley
Cuando
es de mutuo acuerdo, se puede acudir a una notaría y si existen hijos menores
de edad, un defensor de familia supervisa los acuerdos respecto a las
obligaciones. Si no existe acuerdo, se va al juzgado de familia. Ambos
requieren apoderado. Algo clave: después del divorcio, la calidad de vida de
los hijos debe seguir siendo igual.
La
abogada Jeannette Luppi explica estas causales legales:
- Mutuo acuerdo.
Voluntad de las partes no solo en el deseo de separarse sino el acuerdo en la
manera como se repartirán los bienes, en las obligaciones alimentarias y en la
reglamentación de visitas, entre otros aspectos. El acuerdo no puede ser
parcial.
-
Separación
de cuerpos de hecho o judicial por dos años. Un cónyuge se va y ambos guardan silencio.
Cuando alguno de los dos quiera legalizar su situación, pues desea contraer matrimonio
nuevamente, puede alegar esta causal, ya que el silencio de uno de los dos es
una aceptación tácita.
-
Relaciones
sexuales extra matrimoniales.
Genera pocos procesos, pues se trata de hechos incómodos de ventilar y probar.
Basta una sola relación sexual para acudir a esta causal, la cual debe alegarse
en el término de 1 año.
-
Grave
e injustificado incumplimiento
por parte de alguno de los cónyuges de los deberes que la ley le impone como
padres. Contempla el desconocimiento de las obligaciones y derechos de
los cónyuges como la fidelidad, ayuda, dirección del hogar y la cohabitación.
-
Ultrajes,
trato cruel y maltratamientos de obra. Los ultrajes pueden ser de tipo físico, verbal y sicológico.
Para probar esta causal juega un papel fundamental el testimonio de los
hijos y familiares.
-
Embriaguez
habitual de uno de los cónyuges.
Si esta le impide cumplir con sus deberes y acaba con la paz y el sosiego del
hogar.
-
Uso
habitual de sustancias alucinógenas o estupefacientes sin prescripción médica. Afecta la parte
moral y emocional. Genera violencia y comportamientos anormales que hacen
difícil la convivencia.
-
Toda
enfermedad o anormalidad
grave e incurable física o síquica de uno de los cónyuges que ponga en peligro
la salud mental o física del otro cónyuge e imposibilite la comunidad
matrimonial. Cuando existe una enfermedad incurable, aparece el
compromiso afectivo del cónyuge sano que tiende a conservar la unión.
-
Conducta
de uno de los cónyuges
tendiente a corromper o pervertir al otro, a un descendiente o apersonas que
están bajo su cuidado y convivan bajo el mismo techo. Conlleva comportamientos
de tipo delictivo y tiende a involucrar a miembros del hogar.
¿Cómo
vive el divorcio cada miembro de la familia?
Es
importante hablarles con claridad a los hijos sobre la separación, sin hablar
mal del otro ni involucrar la culpa de ninguno (nos vamos a dar un tiempo, por
ejemplo).
Cuando
se toma esta decisión, el tiempo de convivencia, la edad de los miembros de la
pareja, el número de hijos (y sus edades), la personalidad y la red de apoyo
influyen en la manera como cada uno asume la separación.
Los
adultos: frustración,
vulnerabilidad, desequilibrio del proyecto de vida, culpa, temor,
negación y rabia. Debe perdonarse a sí mismo por haberse equivocado y empezar
de nuevo.
Niños
de 2 a 8 años:
tristeza, fracaso, culpa, sentimiento de abandono, desconfianza e
irritabilidad.
Adolescentes: se resisten a la disciplina, no siguen
normas, descuidan el estudio, les cuesta expresar la lealtad a cualquiera
de los padres, manifiestan inseguridad y se afecta su autoestima.
Hijos
adultos (de 25 en adelante).
Lo asumen más fácil, toman partido y decisiones claras, aunque también quieren
salvaguardar su proyecto de vida y su actitud positiva.
Por
Andrea Linares
Redactora
ABC del Bebé