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ARTICULOS UTILES E INTERESANTES
CUANDO LOS MEDIOS JUEGAN
UN ROL SOCIAL.
Radialistas
apasionadas / Radioclip 23
UN
MINUTO DE SILENCIO
LOCUTORA
Hoy, martes 11 de diciembre, se cumplen 3 meses del brutal atentado
ocurrido en Nueva York y Washington.
LOCUTOR
Guardemos un minuto de silencio por las 6 mil víctimas que perdieron la
vida en este injustificable acto terrorista.
EFECTO
TIC TAC DE RELOJ
LOCUTORA
No hay muertos de primera o segunda clase. Las víctimas de todos los
pueblos duelen igual y provocan la misma indignación.
LOCUTOR
Guardemos silencio por los 130 mil iraquíes muertos en los bombardeos de
1991 por orden del presidente Bush padre. Si por 6 mil guardamos un minuto,
ahora corresponde guardar 22 minutos de silencio.
LOCUTORA
Guardemos también silencio, 33 minutos de silencio, por 200 mil iraníes
sacrificados por el ejército de Saddam Hussein con armas norteamericanas.
LOCUTOR
Y otros 25 minutos por 150 mil afganos eliminados por los Talibán,
cuando en 1978 contaban con el apoyo de Estados Unidos.
EFECTO
TIC TAC Y MÚSICA TRISTE
LOCUTORA
¿Cuántos minutos de silencio habría que guardar por las víctimas de
las invasiones norteamericanas contra Cuba, República Dominicana, Granada y
Panamá?
LOCUTOR
¿Y por los 60 mil muertos de la guerra sucia contra Nicaragua?
LOCUTORA
¿Y por los 80 mil muertos en El Salvador?
LOCUTOR
¿Y por los 200 mil indígenas guatemaltecos arrasados por militares
entrenados por la CIA?
LOCUTORA
¿Y por los miles de torturados y desaparecidos en el Cono Sur por el
terrorismo de estado del Plan Cóndor?
LOCUTOR
¿Cuántos horas y días habría que guardar en silencio por el millón y
medio de muertos que causó el ejército soviético en su campaña contra
Afganistán?
LOCUTORA
¿Cuántos horas y días de silencio por los 2 millones de vietnamitas
masacrados por Estados Unidos?
LOCUTOR
¿Cuánto silencio por la guerra de Corea donde perdieron la vida 3
millones de seres humanos?
LOCUTORA
¿Y por las guerras de Camboya, Etiopía, Indonesia, Chipre, Sudáfrica,
Bangladesh, Nigeria, Biafra, Argelia, Angola, Filipinas, Sudán, Uganda,
Somalia, Bosnia, Ruanda?
LOCUTORA
¿Cuánto silencio por las matanzas de palestinos a manos de un pueblo
vengativo que no aprendió la lección de sus 6 millones de muertos?
LOCUTOR
¿Y cuántos meses y años de silencio por 10 millones de muertos de la
Primera Guerra Mundial y 55 millones de la Segunda Guerra, incluidos los de
Hiroshima y Nagasaki?
EFECTO
TIC TAC Y MÚSICA TRISTE
LOCUTORA
A lo largo del siglo 20 murieron en guerras y por orden de dirigentes
criminales más de 200 millones de personas.
LOCUTOR
No hubo un sólo día durante todo el siglo pasado sin conflictos bélicos.
Ni un sólo día durante cien años en que la Humanidad haya visto amanecer o
ponerse el sol sin explosiones de guerra.
EFECTO
SUBE MÚSICA TRISTE
LOCUTORA
Y ahora, ¿cuántos minutos de silencio habrá que guardar por los
civiles, mujeres y hombres, que siguen muriendo en Afganistán, uno de los países
más pobres y saqueados del planeta?
LOCUTOR
Terrorismo no, guerra tampoco. Apostemos por la paz.
2001
Ó Todos los derechos compartidos. Agradecemos citar la fuente cuando
reproduzcan o graben este material.
Radialistas
apasionadas / Radioclip 25
ALGO
HUELE A PODRIDO
LOCUTORA
Hace 20 años, Holanda legalizó el uso de las drogas. Existen 1500
cafeterías donde los adultos pueden comprarlas a la carta. La liberalización
no ha aumentado el consumo.
LOCUTOR
En Suiza se prescriben médicamente las drogas a los adictos. El consumo
y el número de muertes por consumo ha bajado.
LOCUTORA
630 intelectuales de todo el mundo presentaron ante la Cumbre
Antidrogas de Naciones Unidas un manifiesto sobre la legalización de las drogas
donde se expresan así:
EXPERTO
La guerra contra las drogas está causando mas daño que el consumo de
drogas. La prohibición ha fortalecido a los criminales, ha corrompido
gobiernos, ha erosionado la seguridad nacional, ha estimulado la violencia y ha
distorsionado tanto los mercados como los valores morales.
LOCUTORA
Este manifiesto está firmado por ocho premios Nobel, decenas de médicos,
científicos, economistas y políticos del mundo.
LOCUTOR
Pero, entonces, ¿por qué se continúa con la prohibición? ¿Qué se
esconde detrás de todo esto?
LOCUTORA
Siempre que hay un crimen, el detective pregunta: ¿quién se beneficia
con ese crimen?
LOCUTOR
Esta pregunta fue respondida con valentía por la senadora colombiana
Viviane Morales de Lucio quien presentó recientemente en el Congreso de su país
un proyecto para legalizar la producción, comercialización y consumo de
drogas. La senadora reveló un dato escalofriante:
SENADORA
Se calcula que el negocio de las drogas produce 400 mil millones de dólares
anuales. El 87 por ciento de esta cantidad se queda en los bancos
norteamericanos.
CONTROL
GOLPE MUSICAL DRAMÁTICO
LOCUTOR
El gobierno de Estados Unidos gasta 60 mil millones de dólares al año
para combatir las drogas ilegales. Esto equivale apenas al 15 por ciento de las
ganancias. Un analista preguntó: ¿es un gasto o una inversión?
CONTROL
GOLPE MUSICAL DRAMÁTICO
LOCUTORA
Ahí está la clave del misterio. Algo huele a podrido en el asunto de
las drogas y de su prohibición.
LOCUTOR
¿Por qué no se legalizan las drogas? Sencillamente, porque se acabaría
el negocio, el inmenso y criminal negocio que beneficia, principalmente, a la
banca norteamericana.
LOCUTORA
Y esto explica otros misterios que estaban sin resolver. Por ejemplo:
LOCUTOR
¿Por qué las avionetas de la droga entran y salen de Estados Unidos con
asombrosa impunidad?
LOCUTORA
¿Por qué las autoridades norteamericanas jamás han atrapado a un solo
traficante norteamericano de importancia?
LOCUTOR
¿Por qué los traficantes son los más fervorosos partidarios de la
prohibición?
LOCUTORA
Estados Unidos es el mayor consumidor de drogas del planeta. Más de 5
millones de estadounidenses son adictos. Si éstas se legalizaran, los precios
caerían en proporción de 500 a 1.
LOCUTOR
Se vendría abajo el negocio más sucio y más rentable que tiene
actualmente la Humanidad.
Bogotá, domingo 27 de
enero de 2002
EL TIEMPO - COLUMNA DEL
DEFENSOR DEL LECTOR
Mambrú
Por Germán Rey
Para poder ver no hay nada mejor que la memoria. Y esta semana, invitado por un
grupo de organizaciones nacionales e internacionales que se preocupan por la
presencia de los niños y niñas en la guerra colombiana, hice memoria de los
casos que durante estos meses he analizado como Defensor del Lector.
Son muchos y variados. Desde la noticia sobre
una niña guerrillera, recién reinsertada, en la que se mencionaban con lujo de
detalles y exceso de imprudencia, familiares, lugar de procedencia y otros
datos, vulnerando su derecho a la reserva de identidad, hasta las respuestas
evasivas de las Farc sobre secuestros de niños, que muy pronto se comprobó que
eran ciertos.
O el caso del niño Andrés Felipe, del cual
los medios -incluyendo este periódico- hicieron un despliegue emocional que se
hundió muy rápido en el olvido, hasta las ambigüedades con que se trató
originalmente el doloroso caso de los niños muertos por un grupo de soldados.
También recuerdo las denuncias, que se
hicieron en su momento, sobre la cantidad de niños alistados en las tropas
insurgentes. La coyuntura era muy precisa: la llegada al país de una importante
visita de la comunidad internacional.
Ahí están las noticias sobre niños
asesinados en los asaltos a poblaciones, de niños secuestrados en sus buses
escolares, de niños supuestamente vendidos por sus padres empobrecidos en la
carretera cerca de Mercaderes, en el Cauca. Por ahí pasa la memoria. Porque a
medida que iba tratando de presionar los recuerdos, iban aflorando los rostros,
o mejor, el anonimato de tantas niñas y niños que son víctimas de los
desastres de esta guerra.
Mi conclusión sobre todos estos casos es una
sola: los niños y niñas son más objetos de la escenografía bélica, que
sujetos de derechos y protagonistas de sus vidas.
En primer lugar, la niñez se ha convertido en
instrumento de la confrontación, en argumento de la guerra. Con frecuencia es
utilizada, por unos y otros, para tratar de impactar a su acomodo en la opinión
pública. Y lo hacen a través de la manipulación de los sentimientos,
convirtiendo su sufrimiento en melodrama. Transforman a los niños en parte de
un espectáculo macabro en el que, después de apagadas las luces, quedan como
siempre han estado: solos, desprotegidos, asustados.
En segundo lugar, los medios suelen preocuparse
formalmente de los niños. Para hablar de ellos, tienen en la mano el código
del menor, pero muy pocas veces sus historias, los pueblos de donde fueron
desplazados, las razones sociales de su dolor. Como los muertos de este país,
las niñas y los niños colombianos tampoco tienen rostro, ni identidad.
En tercer lugar, es frecuente que se asocie lo
infantil a imaginarios guerreros: la fragilidad de la niñez sirve para mostrar
la intolerancia de los combatientes, su desprotección, la irracionalidad de
ciertos usos de la fuerza, su calidez afectiva, el sentido del desarraigo. Lo
que no está mal, porque los niños son las víctimas más inocentes de todo
este conflicto. Pero lo que sí es reprobable, es hacer de la piedad o de la
denuncia, artefactos de guerra, es decir, utilizar su situación deplorable, en
algunos casos, para instigar aún más la guerra.
En cuarto lugar, el olvido puede asolar tanto
como el desamparo. Cuando se trata de niños o de niñas, se suele hacer ruido,
completamente explicable, seguido de recuerdos fugaces, totalmente
inexplicables. ¿Cuáles son los recorridos y la trashumancia de los niños
cuyos padres y familiares han tenido que abandonar sus pueblos y sus pequeñas
parcelas en el campo?
¿Sabemos cómo sobreviven? A los medios no nos
alcanza la mirada sino para el corto plazo, para el registro que atrapa momentáneamente,
para el dolor del instante. Todo, porque hemos convertido a los niños en un telón
de fondo, en un elemento apenas de la escenografía en llamas.
Recuerdo que cuando niño cantábamos una canción,
que de tonada infantil se nos convirtió tristemente en realidad de adultos:
“Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena. Mambrú se fue
a la guerra, no sé si volverá” .
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El Defensor del Lector recibe las quejas por los
errores en el contenido de EL TIEMPO y vela por que se corrijan.
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