FUENTE:  www.eltiempo.com.co

El Tiempo

Noviembre 24 de 2007

¿Qué hay detrás los asesinatos de mujeres en Medellín?

Una cruz de madera hecha por desconocidos fue la única señal de duelo por el cuerpo de una prostituta que apareció bajo un puente.

Más de la mitad de esas muertes está sin esclarecer. Hoy, en el día de la no violencia contra la mujer, EL TIEMPO presenta los rostros de tres de estas víctimas, todas atacadas por sus maridos.

La primera golpiza que María Nancy Valencia recibió de Diego Ramírez fue a los seis meses de casados. Pero no bastó para que ella borrara el recuerdo de miradas, gestos y palabras que la enamoraron.

Siete años después, María Nancy se debate entre la vida y la muerte en el hospital San Vicente de Paúl por un golpe que su esposo le asestó con una piedra en la cabeza.

Ella es la última víctima de una ola de violencia extrema contra las mujeres que se desató en la ciudad desde principios de este mes y que, según la Policía Metropolitana, deja ya 15 muertas. En once meses del año, suman 47. El año pasado fueron en total 44.

Dos de las muertas, dicen autoridades, fueron víctimas de violencia pasional, y 3 de violencia intrafamiliar. Según Medicina Legal, ese tipo de agresión es el principal factor de riesgo sociocultural y de salud de un grupo social (2005 Forensis).

Cuatro cayeron en ajustes de cuentas y de 6 no se sabe quiénes ni por qué las mataron. El secretario de Gobierno de Medellín, Gustavo Villegas, insiste que son casos aislados. De hecho, ni Policía ni Fiscalía han hallado nexos entre los crímenes.

En medio de esa racha, organizaciones como Ruta Pacífica Antioquia y las corporaciones Vamos Mujer y Mujeres que Crean sostienen que es costumbre que en el medio aparezcan nombrados los homicidios de mujeres como "problemas pasionales", "casos aislados" o que era 'prepago', prostituta, narcotraficante y "de más justificaciones que se hacen en una sociedad que culpa a las mujeres de las violencias que padecen".

Para las ONG, el efecto de esas aseveraciones se traduce en la desresponsabilización de los agresores y del Estado, y en la falta de investigación de las causas de los crímenes.

Diana Gutiérrez, del movimiento feminista, anota que lo ocurrido en el área metropolitana no son homicidios simples porque en la mayoría hay ensañamiento (alambres de púas, descuartizamiento, estrangulamiento, violación y golpes).

"Son crímenes de odio sustentados en una cultura patriarcal en la que lo femenino es subvalorado, subyugado", insiste.

La secretaria de la Mujer de la Alcaldía, Flor María Díaz, explica que su dependencia se creó "porque persisten obstáculos para que a las mujeres se las trate en igualdad de derechos y no sean objeto de violencias porque están en inferioridad para enfrentar a un hombre que las golpea".

Mientras sigue el debate, el hombre que agredió a María Nancy fue dejado en libertad y su familia solo espera que se haga justicia.

En medio de ese sobresalto que ha sacudido a Medellín, el mundo, incluida Colombia, clama que cese la violencia contra la mujer.

María, en coma por culpa de los celos

María Nancy Valencia desde sus primeros años en el colegio Marco Fidel Suárez, donde se graduó de bachiller, se veía como una persona trabajadora y amigable. Luego de salir de clases, cuando tenía 12 años, vendía frutas en el atrio de la Iglesia de San José, en el centro de Medellín, para sostener sus gastos familiares y personales.

"Ella siempre ha sido una mujer templada e independiente. Gracias a su trabajo pude tener una educación digna", dice su hermana, Natalia.

A María Nancy, de corta estatura, contextura gruesa, cabello indio y ojos oscuros, sus amigas de barrio la llaman 'Pocahontas', por su piel oscura y carisma con los vecinos. También la recuerdan por su pasión por el reguetón.

Hace 10 meses creyó que su vida empezaría a cambiar. Venía trabajando de guía ciudadana en un programa de la Alcaldía y tenía la posibilidad de estudiar vigilancia y seguridad porque aspiraba a tener una mejor estabilidad social.

Pero el sábado 17 de noviembre todo cambió. Ese día estaba con un grupo de amigas departiendo cerca de su casa del barrio La Sierra, centro oriente de Medellín, cuando llegó Diego Ramírez, su esposo.

Indignado y celoso por la reunión, el hombre la condujo hasta su hogar. Transcurrió una hora sin saberse nada de la pareja hasta que su mamá, que vivía cerca a la casa la pareja, indagó a eso de las 10:30 p.m. por su hija.

Al entrar encontró a sus dos nietas dormidas y una gran piedra junto al cuerpo ensangrentado de su hija, que estaba sin camisa y brasier.

Fue llevada a la policlínica donde se le dictaminó trauma encefalocraneano.

Huellas de violencia extrema

Tatiana no quería quedarse sin ayuda

Tatiana Gisela Álvarez Velásquez quería terminar la relación que había comenzado seis años atrás. Pero se lo impedía no saber cómo sostener a sus dos hijos, de 13 y 14 años, producto de una relación pasada.

Tatiana, que apenas tenía 31 años, fue asesinada a golpes el 2 de noviembre en la casa que compartía con su pareja, un taxista de 37 años, en una urbanización del barrio Niquía, en Bello, en el norte del valle de Aburrá.

Ella se desempeñaba como asesora comercial. El taxista pagaba el arriendo de la casa y colaboraba con los gastos de los hijos.

Los familiares de Tatiana aseguran que el taxista era un hombre celoso a quien no le gustaba que su compañera se maquillara. Incluso, cuentan que en una ocasión intentó matarla ahorcándola.

El día que la mujer fue encontrada muerta en su cuarto presentaba señales de golpes en el cuerpo.

Luz Marina tenía miedo por su vida

Quince días antes de que Luz Marina Herrera Pérez apareciera muerta en su casa, le había confesado a su madre que quería abandonar a su marido, Rodrigo León Gutiérrez, por el maltrato al que era sometida. Pero le advirtió que no lo hacía porque éste la había amenazado con atentar contra su familia si lo hacía.

El pasado domingo 4 de noviembre a la 1:30 a.m. los vecinos vieron que la pareja salía de un billar cercano a su casa, en el barrio El Picacho, noroccidente de la ciudad. A las 3:00 a.m, avisaron a los padres de Luz Marina, que Rodrigo la había matado de una puñalada en el pulmón.

A Gutiérrez los vecinos lo vieron salir corriendo con las manos llenas de sangre. Según Estela Pérez, la madre de Luz Marina, su hija había puesto una denuncia por maltrato sicológico.

La mujer asesinada tenía 28 años y hacía cuatro convivía con Gutiérrez, a quien sostenía económicamente.

Nadie sabe el motivo del asesinato, pero la madre piensa que lo hizo por no creer que su hija trabajaba vendiendo minutos a celular sino que, por rumores, era "prepago".

MEDELLÍN