UNA CONVIVENCIA ARMONICA PARA LOGRAR EL DESARROLLO

LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL.

AQUELLOS GENOCIDIOS OLVIDADOS

EL ESPECTADOR. Publicado Junio 1 de 2001

Por: Olga Gayón

Cuando el mundo, horrorizado por el descubrimiento de los campos de exterminio nazis, se prometió que esta historia no se repetiría, había verdaderas intenciones de prevenir y atacar las políticas genocidas que pudieran ser planificadas por los gobiernos totalitaristas en el futuro.

Tras la Segunda Guerra Mundial, y una vez adoptada por la ONU la Convención sobre Prevención y Castigo del Delito de Genocidio de 1951, los millones y millones de víctimas de ese delito internacional se suceden década tras década. Este delito está catalogado como “crimen de guerra” y “crimen contra la humanidad” y debe ser perseguido por la comunidad internacional. Los genocidios no se dan de un día para otro, son anunciados por sus propios verdugos, mientras el mundo, generalmente, mira para otro lado.

Se constituye un genocidio cuando se trata de un acto criminal premeditado, organizado sistemáticamente con miras a exterminar a poblaciones de acuerdo con criterios de nacionalidad, comunidad política, etnia o religión.

La Primera Guerra Mundial opacó por completo el primer genocidio que se dio en esta centuria: un millón y medio de armenios fueron sistemáticamente asesinados en las postrimerías del Imperio Otomano en lo que hoy es Turquía.

Los armenios, los primeros

En 1915 se llevó a la realidad lo que se venía gestando desde finales del siglo XIX: acabar con los armenios porque “eran un peligro para el Imperio”. Enver Pasha ordenó el que sería el primer genocidio del siglo XX. Primero discriminó de forma radical al pueblo armenio y luego dio la orden de destierro. En el intermedio mandó decapitar a toda la capa intelectual e ilustrada de la población armenia. Pueblo tras pueblo, los turcos organizaban orgías sangrientas a las que se obligaba a asistir a las futuras víctimas. En ellas violaban a las mujeres y niños, decapitaban a hachazos a los hombres. Hicieron mutilaciones en público, enterraron vivos a miles y miles de ancianos, y obligaron a morir de hambre a más de un millón de personas. Con la caída del Imperio Otomano y la creación de la nación de Turquía, el genocidio simplemente se olvidó.

En 1930, el campesinado de Ucrania se opuso a trabajar en las granjas cooperativas, porque no podían responder a las exigencias de Moscú. Entonces, Stalin comenzó la confiscación de la tierra y los traslados masivos de ucranianos, especialmente a Siberia. También confiscó toda la producción agrícola. Ningún campesino podía tomar nada de lo que cultivaba. Así comenzó uno de los genocidios más atroces de este siglo: matar a punta de hambre. Quienes eran descubiertos robando comida eran fusilados en el acto. Quienes trataban de huir a las ciudades en busca de comida, también.

Y el hambre lleva a los hombres al canibalismo. Ryszard Kapuscinsky, en su libro El Imperio, logra testimonios de sobrevivientes: “Muchas personas perdieron la capacidad de compasión, de socorrer a otros...”. “Un día, un vecino de Vasili vino a verlo y ve que el cuerpo de su hijo mayor cuelga de la puerta. Le pregunta por el otro hijo, y le responde: Está en la despensa, lo ahorqué ayer. ¿Por qué lo hiciste?. Porque no hay nada para comer”. Se habla de dos millones de muertos, otros dicen que diez.

Entre 1931 y 1935, los japoneses que habían invadido parte de China sometieron a la población de Nanking, capital de la China Nacionalista, al exterminio. Centenares de miles de chinos fueron eliminados con el sadismo que demostraron las fuerzas japonesas invasoras en otras partes del Pacífico. A los hombres los forzaron a violar a sus madres e hijas, a las mujeres las clavaban a los árboles y les introducían hierros calientes en sus genitales, a los hombres los ataban de las manos y los alineaban para ser fusilados en masa, a miles de bebés los atravesaron con la bayoneta y a muchos los enterraron vivos. Todo se hizo bajo la complacencia del emperador Hiro Hito. Nunca se pudo establecer el número de víctimas, pero se cree que sobrepasó los 500.000.

Genocidios tras la II Guerra

En Camboya, los jemeres rojos, al mando de Pol Pot, acabaron con dos millones de los siete que constituía la población camboyana en 1975. A uno millón más lo mandaron al exilio. Cuatro años de sevicia contra todo el que se veía como enemigo para su revolución agraria. Empezaron con la gente educada. Continuaron con las gentes de todas las ciudades porque la urbe era perniciosa. Exterminaron porque querían una sociedad ideológicamente pura, sin las taras propias del capitalismo y de Occidente. Centenares de miles de campesinos fueron trasladados de sus regiones y vestidos con trajes azules para que, cuando el ejército recibiera la orden de matar, ya supiera a quiénes disparar.

A las víctimas hombres les hacían cavar grandes zanjas. Luego los ponían en fila horizontal frente a ellas. Los mataban con machete o azadones para no gastar munición. Cada soldado ejecutaba con estos métodos de 20 a 30 personas por minuto. Pol Pot aseguraba respecto a las víctimas que no eran claros enemigos del régimen: “Mantenerlos no representa ningún beneficio, destruirlos no significa una pérdida”. Pol Pot murió en 1998, de muerte natural.

Genocidios en América

América no escapa del genocidio. Independiente de las guerras y dictaduras, lo que los militares hicieron en Guatemala contra los indígenas, según la Comisión de Esclarecimiento Histórico avalado por la ONU, fue genocidio. Allí mataron a familias enteras, quemaron poblaciones completas y se ensañaron contra las gentes de etnias mayas. El paramilitarismo, consentido por los generales Lucas García y Ríos Montt, realizó durante una década (1982-1992) casi 500 matanzas delante de la población, que era obligada a presenciar incluso la tortura y el asesinato de sus propios hijos. Todas las víctimas eran indígenas: pretendieron exterminar al menos a 4 de las 23 etnias mayas existentes allí. Fueron 150.000 muertos y 50.000 desaparecidos durante 36 años de guerra en una población que no alcanza los 8 millones.

Timor Oriental fue invadido por Indonesia, a cuya cabeza de gobierno estaba el general Suharto. Entre 1975 y 1999 fueron 270.000 los asesinados y 200.000 los exiliados, de una población de 750.000 nacionales. Se realizaron fusilamientos masivos contra los cristianos (Indonesia es musulmana), mutilaciones y decapitaciones al por mayor. En 1999 el referendo en Timor Oriental votó por la independencia. Esto no gustó a los indonesios; mataron en menos de un mes a 30.000 timorenses. Allí tampoco oficialmente se ha hablado de genocidio.

Ruanda: el último

El último que estremeció al mundo fue el de Ruanda: en 1994, y tan sólo en tres meses, los hutus, entonces en el poder, asesinaron a machete a 800.000 tutsis y hutus moderados, a razón de 8.000 por día. Este genocidio fue planificado paso a paso. Primero se carnetizó a la población hutu, y luego empezó la campaña de exterminio a través de la propaganda que realizaba la emisora Des Mille Collines.

En ella se decía que había que acabar a los tutsis hasta que no quedara ni uno sobre la faz de la Tierra. Se dice que quienes planearon el genocidio quisieron involucrar a los civiles para que se sintieran responsables colectivos de las matanzas; nueva perversión en los ya de por sí perversos sistemas genocidas. Algunos de los responsables están siendo juzgados en Ruanda por el TPI, creado especialmente para el genocidio ruandés. La ONU sólo reaccionó una vez consumado el genocidio.

Genocidios: Nunca más

-Armenios: 1’500.000

-Ucranianos: 3’000.000

-Chinos víctimas de japoneses: 500.000

-Judíos víctimas de Hitler: 6’000.000

-Gitanos víctimas de Hitler y regímenes comunistas: 1’000.000

-Rusos víctimas de Stalin: 5’000.000 (se habla hasta de 40’000.000)

-Chinos víctimas de Mao: (se calcula entre 20 y 60 millones)

-Cambodia: 2’000.000

-Sudaneses víctimas de una guerra de 46 años: 2’000.000

-Ugandeses: 500.000

-Guatemaltecos: 200.000

-Colombianos víctimas de 4 décadas de guerra: 500.000

-Norcoreanos: 1’000.000

-Ruandeses: 800.000

-Timorenses: 270.000

-Bengalís: 1’500.000

-Bosniomusulmanes y albanokosovares: 300.000

Origen y naturaleza de los genocidios

Su origen se encuentra en una ideología del odio previamente difundida. Se explota la debilidad de las personas para explicarse los verdaderos motivos de una sociedad en crisis. Lo primero que se hace es generar sentimientos de odio hacia el que se le tildará en seguida de enemigo.

Todos los genocidios del siglo XX, incluidos el nazi, el estalinista y el maoísta (que no están en este informe, pues ya son de todos conocidos), fueron organizados por gobiernos que se beneficiaron de la pasividad de sus sociedades y de la opinión internacional. Ningún genocidio se ha dado dentro de una democracia. Son planeados y patrocinados por gobernantes totalitaristas. Sólo un Estado, el alemán, ha reconocido su culpa en un genocidio, perpetrado por sus dirigentes en épocas pasadas. Ningún otro, aunque después de un siglo, reconoce que su país haya practicado un genocidio. Las víctimas claman por ese reconocimiento; no recuperarán a sus muertos, pero sí al menos el derecho a ser reconocidos como víctimas de exterminio, un derecho que en algo les devuelve la dignidad.

CADENAS CONTRA LA INFANCIA

EL ESPECTADOR. Publicado Junio 1 de 2001

Por: Olga Gayón

“Llegaron algunos hombres armados a mi casa y delante de mí mataron con machete a mis padres y luego me llevaron junto con muchos niños hacia el norte. Tuve que trabajar de sol a sol cuidando el ganado de mi amo. Dormía en el suelo y toda la comida que me daban era una sopa de harina. Todos los días me daba palizas porque no hablaba el árabe como él y porque no sabía las oraciones musulmanes. A las niñas les fue peor que a nosotros, porque el amo y sus amigos las violaban”. Es el testimonio de Tintra, un niño sudanés que estuvo esclavizado. Como él, se cree que el mundo hay 250 millones de esclavos, en su mayoría, niños.

En Sudán el rapto de esclavos es permitido porque, según las autoridades, es una tradición milenaria. Siempre han existido guerras y los que pierden son vendidos como esclavos; ese es el argumento para no perseguir a los que raptan a mujeres y niños para venderlos a los dueños de los grandes cultivos y ganaderías.

Los niños en el siglo XXI son esclavizados en todos los continentes: en Asia los explotan en las fábricas de vidrios, alfombras, textiles, conservas de sardinas, ladrilleras, canteras... También son vendidos para trabajar en la prostitución. En América son esclavos de familias pudientes, de cultivadores, dueños de minas de carbón, cobre y otros minerales; también son vendidos como mercancía nueva para la explotación sexual. En África son destinados a labores de campo, domésticas, de explotación mineral, utilizados como soldados en guerrillas y como esclavas sexuales para las tropas. En Europa, la gran mayoría de niños esclavos está confinada en prostíbulos. En algunos lugares son esclavizados desde los tres años, casi siempre desde los cinco o seis años.

A todos los golpean, los obligan a cumplir jornadas de hasta 18 horas diarias, les dan comida que bien podría ser para animales, duermen hacinados, son vigilados para que no escapen, jamás van a un médico, y por supuesto, no les pagan dinero por su labor.

Estalla el escándalo

En marzo pasado, el Etireno, un barco nigeriano que se presumía, transportaba niños esclavos desde Benin a Gabón, dio la alarma mundial: en pleno siglo XXI la esclavitud no ha terminado. Representantes de ONG europeas que trabajan como voluntarios o misioneros, vienen denunciando la inhumana explotación a que son sometidos muchos niños de los países pobres del mundo. Unicef lo ha estado advirtiendo, y fue esta organización quien denunció al Etireno como transportista de niños esclavos.

Este problema es un mal difícil de extinguir mientras persistan las condiciones económicas y sociales que conducen a que los padres vendan a los niños o los entreguen como parte de una deuda. Algunas autoridades alegan que es imposible castigar a unos padres que necesitan vender a sus hijos para poder alimentar al resto de su familia, o incluso, para garantizar que el niño vendido tenga algo para llevarse a la boca durante un tiempo.

Cuando la infancia no existe

Todos los estudios sobre la niñez manifiestan que los niños no deben ejercer labores de adultos. Claro que lo pueden hacer, pero su crecimiento interno y su desarrollo mental van quedando minados. En algunos trabajos, como la minería, sus huesos se van deformando y cuando llegan a adultos, si corren con esa suerte, sus cuerpos están de una u otra forma atrofiados. En todos los sitios del mundo asediados por la miseria, las manitas de los niños son empleadas para tejer, recoger cosechas, picar piedra, e incluso para producir placer sexual.

La Convención sobre los Derechos del Niño, garantiza que todos los niños del mundo serán libres de explotación, trabajos forzados, malos tratos y por supuesto de la esclavitud. Además, los Estados firmantes se comprometen a crear sistemas internos que garanticen que todos los niños podrán acceder a la educación, al tiempo que ayudan a crear las condiciones necesarias para que puedan desarrollarse como niños, excluyéndoles de las obligaciones de adultos.

Los organismos internacionales dedicados a la protección de la niñez, son claros en señalar que un tratado de estos es muy importante, pero deja de serlo si no existe una verdadera voluntad política para cambiar. Por ejemplo, el gobierno indio no es mucho lo que hace para perseguir a los dueños de las fábricas de vidrio donde trabajan niños sin ningún tipo de seguridad. Tampoco hace algo por investigar a las ladrilleras que emplean a más de dos millones de niños en condiciones infrahumanas, y sin remuneración.

En Miami, la revista Time ha revelado que hay un mercado negro de niños haitianos que son esclavizados por las familias de la ciudad en sus hogares. Estos niños son entrados ilegalmente a Estados Unidos por mafias dedicadas a la trata de seres humanos, y hasta ahora no han sido desmanteladas en ninguno de los dos países.

Los países europeos no escapan del fenómeno. Aparte de la prostitución infantil, se han descubierto esclavos domésticos que son llevados de países africanos y sobreexplotados por familias ricas europeas. A las víctimas les quitan los pasaportes y los mantienen en las casas bajo llave.

Negocio para los explotadores

Orlando Patterson, sociólogo especializado en el tema de la esclavitud actual, ha definido que la mejor forma para explotar a un niño es arrancarlo desde muy temprano del entorno familiar para convertirlo en “el perfecto instrumento humano que el patrón puede dar forma y utilizar a su placer”. Esto se ha denominado como alienación natal.

Esta alienación se da en todos los casos de esclavitud infantil. Al sacar de su entorno a un niño y confinarlo en un sitio en el que existen muchos más niños esclavos, se consigue crear todo un universo de miedo, obediencia y resignación. Quienes compran niños a tratantes o a sus propios padres, saben que desde el momento de la compra, el niño no tendrá quien lo defienda ni a quien acudir. Bajo el imperio del terror creado a punta de golpes, hambre y malos tratos, se logra crear un trabajador obediente y rendidor. Si se compra, por ejemplo, de seis años, el amo tiene garantía de que la “mercancía” le va a dar rendimientos económicos por mucho tiempo.

Y aunque parezca contradictorio, el que no existan leyes que permitan la esclavitud, hace que los niños esclavos sean tratados peor que como lo fueron los negros en siglos pasados. Los analistas lo explican así: en esa época el amo sentía que el esclavo era un bien que hacía crecer su capital, es decir, que se concebía al esclavo como una “máquina” a la que debía dar mantenimiento y que apreciaba por el costo que había pagado por ella.

En la esclavitud del siglo XXI, en las zonas donde se da, existe más oferta que demanda. Entonces, el “objeto” no necesita ni de mantenimiento: si se daña, podrá ser reemplazado por otro que está haciendo cola para que lo compren. Ante esta realidad, el esclavista trata de economizar costos en el cuidado de su “mercancía” porque lo considera como una pérdida de capital. En otras palabras, los esclavos del siglo XXI son tan desechables como puede serlo la tinta de una impresora.

Campañas contra esclavitud

Unicef, la ONU en toda su amplitud, los Estados y centenares de ONG en el mundo realizan diversas campañas en el mundo para abolir la esclavitud de hecho. La más controvertida es la de la ONG suiza Solidaridad Cristiana Internacional (SCI), que ha emprendido una recolecta de dinero para comprar los esclavos que son víctimas de los captores de algunos grupos armados que podrían tener la complacencia del gobierno de Jartum. Mediante esta campaña ha logrado liberar más de 1.300 esclavos.

La libertad de cada persona ha costado 160.000 pesos colombianos. Human Rigths Watch critica este tipo de actos porque, dice, lo que ayuda es a aumentar el tráfico de esclavos. “Que haya extranjeros con los bolsillos bien llenos y dispuestos a pagar para redimir a los esclavos solamente puede estimular a quienes carecen de escrúpulos y ven en esto todo un negocio”, dijo un vocero de la ONG.

Otras, como Tierra de Hombres, han creado algunas residencias para los niños que logran escapar de la esclavitud en lugares como Benin, Camerún, Ghana o Nigeria. Allí les dan tratamiento sicológico y les enseñan algún oficio, al tiempo que les dan educación para luego retornarlos a los hogares de donde fueron raptados o vendidos por sus propios padres. Otras denuncian los productos elaborados en países del sur por manos esclavizadas declarando un boicot para que los consumidores no adquieran esas mercancías en tiendas y surpemercado europeos.

Esther Guluma, responsable de Unicef en Benin dijo que: “Estimamos que en esta zona hay al menos 200.000 menores condenados a la esclavitud. No reciben salario, son transferidos de un país a otro y son vendidos por una cantidad de dinero”. Allí un niño de entre 5 y 13 años puede costar entre 60.000 y 120.000 pesos. En otros lugares, como en Asia, su precio puede ascender a los 200.000.

La OIT denunció hace una semana, en un informe titulado Alto al trabajo forzoso, la esclavitud de mujeres y niños: “El cuadro que resulta, muestra que la esclavitud, la opresión y la explotación de los miembros más vulnerables de la sociedad, especialmente la mujeres y los niños, no son cosas del pasado”.

Con la colaboración de Save the AI, Children, Unicef, Manos Unidas, Médicos Sin Fronteras, Tierra de Hombres, Intermón.

EL ABC DE LA ESCLAVITUD

Lugares en donde se da la esclavitud: Plantaciones, minería, juguetería, laboratorios químicos, industria textil, canteras, empleos domésticos, fábricas de alfombras, cerámica y vidrios, prostitución y empleo de niños como soldados.

Clases de esclavitud:

Tráfico-donación: la familia da al niño a un extranjero para que lo eduque fuera del país.

Tráfico-aval: una familia deudora deja al niño en forma de depósito al acreedor para garantizar el pago de la deuda. Generalmente nunca los reclaman.

Tráfico-obrero: los niños son adquiridos para trabajar en otros países de la región.

Tráfico-venta: el niño es vendido de manera definitiva, sin retorno, por sus padres.

Tráfico-cambio: la familia entrega al niño a una familia rica a cambio de que le garanticen techo y comida.

Países con altos índices de esclavitud: Malí, Burkina Fasso, Ghana, Camerún, Togo, Sudán, Nigeria, Costa de Marfil, Tailandia, Camboya, Nepal, Pakistán, Mauritania, India, Filipinas, Singapur, Bangladesh, Brasil, Haití, Nicaragua, Guatemala, Colombia, Bolivia, Sierra Leona, Senegal y Angola. Aunque las organizaciones humanitarias denuncian que hay más países que tienen esta práctica.


ABUSO SEXUAL : ARMA SUCIA DE LA GUERRA 

EL EPECTADOR.Publicado Mayo 11 de 2001

Por: Olga Gayón *

Corresponsal en Madrid

Una niña chechena de 14 años fue a visitar en el campo de Chernokosovo (Chechenia) a su madre, que estaba presa. Tras pagar 5.000 rublos para que la dejaran pasar cinco minutos, fue llevada a una celda donde los guardias de la prisión la torturaron y la violaron repetidas veces.

Este es apenas un ejemplo de cómo vejan a las mujeres en los conflictos. Abusos cometidos tanto por soldados como por miembros de fuerzas rebeldes en todo el mundo.

En Bosnia, durante la guerra, los militares serbios emplearon como arma de guerra la violación; centenares de mujeres musulmanas sufrieron los vejámenes practicados por los soldados; hubo algunas que fueron violadas hasta por 30 militares. Los serbios emplearon el método de la violación como limpieza étnica, en algunos casos para que los musulmanes huyeran del territorio y en otros para que los niños que nacieran fueran serbios.

El pasado 22 de febrero el Tribunal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPI) condenó a tres militares serbios por el delito de violación en la población bosnia de Foca durante la pasada guerra. En su fallo, el TPI equiparó la violación y la esclavitud sexual al rango de crimen contra la humanidad, creando un precedente relevante para que los criminales de guerra sean juzgados por este delito, que hasta la fecha no había sido fallado en tribunales internacionales.

La violación de mujeres ha sido empleada durante la historia como arma contra el enemigo, porque asesta un tremendo golpe a la comunidad y con el deshonor a la mujer causa muchos problemas internos: el más grave de ellos, el repudio a la víctima por haber “permitido” que su cuerpo fuera vehículo de placer para el enemigo. Expertos aseguran que la violación no es un simple accidente de guerra: es un arma, y de las más criminales.

En el mapa de conflictos actuales, el de Sierra Leona parece reunir en su interior todas las atrocidades que se puedan cometer. La violación es uno de los actos más usuales que ejecutan tanto soldados como integrantes de las fuerzas rebeldes. Mariatu, una niña de 14 años, fue secuestrada en un pueblo a 40 kms de la capital. Varios rebeldes la violaron tras asesinar en su presencia a sus padres. Luego se la llevaron como esclava sexual para la tropa; al quedar embarazada la abandonaron.

La violación y la guerra

Según datos de Unicef, casi todas las mujeres y niñas secuestradas por los rebeldes de Sierra Leona han sido violadas y en muchos casos heridas en sus partes genitales. La degradación del conflicto ha llegado a tal punto que ha habido centenares de casos en que obligaron a los civiles a violar a mujeres y niñas de su propia comunidad, incluidas familiares.

Durante el genocidio de Ruanda, miles de mujeres tutsis fueron violadas antes de ser asesinadas. En Guatemala, durante la guerra civil, las matanzas de campesinos estuvieron precedidas de violaciones a mujeres y niñas. En Argelia han secuestrado a centenares de mujeres que son sometidas a tortura, violaciones y vejámenes. En Colombia, las mujeres de Ruta Pacífica, recientemente distinguidas por el premio Paz del Milenio de la ONU, denunciaron que los grupos armados se empeñan en convertir al género femenino en el botín de su victoria mediante la violación.

En los conflictos de África, aparte de ser vejadas, muchas de ellas han adquirido el sida. Respecto a las consecuencias de las violaciones, no existen cifras sobre cuántos embarazos y nacimientos son producto de los vejámenes sexuales. Pero en países musulmanes y en culturas profundamente religiosas, el aborto es condenado en algunos casos con la misma muerte. Por tanto, miles de mujeres que quedan embarazadas tras una violación, tienen sus hijos. Centenares han optado por el suicidio antes que ser excluidas de su comunidad.

También las refugiadas

En Etiopía, las refugiadas también son víctimas de violaciones. “Yo estaba embarazada de cinco meses y huía con mis dos hijos pequeños. En el camino se nos acercaron unos hombres. Me obligaron a desnudarme y me violaron delante de mis hijos. Sabían que estaba embarazada, pero les daba igual. Era lo que tenía que pagar para que me dejaran llegar al campo de refugiados”, relata una víctima etíope.

Mujeres que huían de Sierra Leona y Liberia a los campos de refugiados de Guinea no corrieron mejor suerte. Una madre que escapó de Liberia narra así su experiencia en Guinea: “Llegó la policía a donde vivíamos, tomaron a mi hija de 14 años y tres de ellos la violaron. Traté de defenderla, pero me golpearon. Cuando se marcharon, después de llevarse las pocas cosas que teníamos, nos dijeron que su presidente quería que nos largásemos a nuestro país”.

Según expertos de Human Rights Watch, las mujeres al quedar solas con sus hijos y personas mayores, están expuestas en un conflicto a toda clase de atropellos. Por tanto, huyen en búsqueda de refugio, pero en los países limítrofes no están dispuestos a asumir a los refugiados.

Las prisioneras tampoco escapan de la violación y otra clase de torturas.

En Turquía, las presas kurdas han denunciado violaciones y malos tratos por parte de la policía turca. Dos adolescentes que fueron detenidas por asistir a una manifestación a favor de los derechos de los kurdos, fueron violadas en la prisión repetidas veces. Los médicos han certificado innumerables víctimas.

Las mujeres detenidas en la República Democrática del Congo, continuamente son víctimas de violaciones realizadas por soldados y policías. En Chechenia las mujeres están totalmente desprotegidas. Se dice que el 90% de las que están presas por el conflicto han sido violadas. En Birmania, donde se violan las mujeres de distinta etnia sin ningún tipo de contemplación, una mujer de 20 años redacta así su denuncia ante un organismo internacional: “Cuando me tomaron presa fui violada por siete soldados. Cuando estaba en prisión nuevamente me violaron diferentes guardias”.

Amnistía Internacional ha comenzado una campaña mundial para proteger a las mujeres que son víctimas en los conflictos mundiales. Esta organización concluye que “los actos de tortura se producen en un contexto caracterizado por la quiebra del sistema judicial, en el que han desaparecido las restricciones que pesan habitualmente sobre los actos de violencia contra la mujer”.

Esta y otras ONG de carácter internacional aseguran que el objetivo de las violaciones está centrado en sembrar el terror, quebrar la resistencia de una sociedad, recompensar a los soldados –de ambos bandos– y obtener información.

Un problema crucial para determinar los alcances de un conflicto está en la casi ausencia de denuncias sobre violaciones a las mujeres. La mayoría se lo calla por distintas razones: evitar las venganzas, eludir el repudio de la comunidad, miedo a ser estigmatizadas, temor al rechazo de sus compañeros o que no puedan casarse. “Estuvo llorando mucho tiempo. Nos preguntó por qué mentíamos, dijo que sabía que también nos había pasado a nosotras”. Así se expresa una mujer kosovar violada por los soldados serbios en 1999. Este silencio en nada contribuye a la recuperación de las víctimas.

Callar estas atrocidades hace que la mujer no se recupere nunca y que en su interior se anide el miedo y tenga pesadillas recurrentes con lo que le ha ocurrido.

*Con información de AI, Human Rights Watch, UNICEF, ONU, ACNUR y otros organismos y ONG.

La justicia internacional

Kofi Annan, secretario General de la ONU, al hablar sobre la violación como crimen de guerra ha dicho: “El Artículo 8 del CPI dispone que la violación, esclavitud sexual, prostitución forzada, embarazo forzado, pueden ser causa de enjuiciamiento como crímenes de guerra si se cometen en conflictos armados internacionales o internos”. Es decir, que comandantes de ejércitos legales o ilegales que hayan permitidos a sus tropas violar mujeres, podrán ser requeridos por esta Corte como criminales de guerra.

Según el derecho consuetudinario, la violencia cometida contra la mujer en los conflictos constituye tortura. De igual manera, la violación y la violación en grupo.

La violación que cometen los combatientes está reconocida como crimen de guerra. Cuando la violación sexual se comete de forma sistemática, o a gran escala, constituye un crimen contra la humanidad.

“Un enemigo conocido”

Las investigadoras sociales Constanza Ardila Galvis y Olga Lucía Valencia, en su libro Un enemigo conocido, abuso sexual en el hogar y como arma de guerra, expresan que es “sorprendente ver cómo los hombres, hijos de mujeres colombianas, son entrenados para degradar y torturar a la mujer, perpetuando esta guerra y utilizando el abuso como un arma más del conflicto armado”.

Citan varios testimonios: Citan varios testimonios: “Me quitaron toda la ropa, lanzaron un lazo a la viga del techo y me amarraron las manos. Ese hombre le dijo a Leonel que tuviera relaciones conmigo, pero como se negó, se bajó la cremallera y con otro de ellos abusaron de mí al tiempo. Yo sentía que se me desprendía todo por dentro (...) Cuando terminaron, le preguntaron a Leonel información sobre los guerrilleros. Él les dijo: yo no sé nada de ellos. Pasaron con veinte hombres a abusar de mí”.

CUBA, LA ISLA REVOLUCIONARIA, ENTRE EL AMOR Y EL ODIO

Por Adolfo Pérez Esquivel - Premio Nobel de la Paz

Desde el triunfo de la revolución (1959) hasta la fecha, Cuba se ha transformado para Estados Unidos en una espina punzante, y una desaforada intolerancia motiva a los gobiernos de la gran potencia a utilizar todas las medidas a su alcance para destruir el proceso revolucionario, sin lograrlo. Así lo hizo con otras experiencias revolucionarias en el continente, como sucedió con la revolución sandinista.

Las medidas utilizadas contra Cuba no cejan y recorren todos los elementos de las guerras sucias, a la vez que se transforman, de hecho, en violaciones permanentes a los derechos humanos de todo un pueblo. Van desde la agresión militar, como el fallido intento en Playa Girón, hasta el bloqueo económico, el aislamiento, la exclusión del sistema interamericano, las sanciones a quienes comercian con la isla y las campañas en las que utilizan a aliados y gobiernos obsecuentes y débiles para buscar la condena de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, Suiza.

El odio visceral de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos contra Cuba tiene a su vez una expresión marcada por el mismo signo en la comunidad cubana de Miami, que significa votos para los candidatos presidenciales, así como en sectores políticos fundamentalistas que llaman "enemigos" a los que no piensan como ellos o no les obedecen a pie juntillas. Todos ellos hablan de democracia cuando violan sus principios esenciales y hacen silencio frente a una agresión que se proyecta al medioevo.

El ejemplo más reciente fue el caso del niño cubano Elián González, quien sobrevivió a un naufragio cuando su madre lo llevaba hacia Miami. La actuación de la comunidad cubana allí fue patética y el secuestro del niño se prolongó por meses, a lo que se añadieron los intentos de extorsionar al padre, todo hecho públicamente. Ahí se jugaron los intereses de aquellos que le ponen precio a todo, menos a los valores.

Ahora estamos viendo públicamente que lo que un hombre humilde pudo resistir, como es el chantaje, no lo puede resistir un gobierno como el de Argentina, que adoptó en estas circunstancias del manejo sucio del voto contra Cuba un pensamiento ajeno y no pudo expresar un pensamiento propio. Cayó en el mismo mecanismo de hipocresía política que algunos subordinados que se condicionan a la política estadounidense para obtener un blindaje económico, que nos aplastará aún más.

De este modo repite la triste experiencia de quien fuera presidente de Ecuador, Jamil Mahuad. Hay quienes se venden en la oferta y la demanda, y para esos sectores, dominados por el odio o el sometimiento, los valores de dignidad y solidaridad entre los pueblos no existen. Aunque el gobierno y el pueblo cubanos esperaban ese golpe de Estados Unidos, acompañado por gobiernos como los de Argentina y Uruguay, entre otros, no deja de ser una acción cobarde y mezquina. Alegan que en Cuba se violan los derechos humanos, como si no tuvieran noticia alguna de lo que está pasando en América Latina, en nuestros propios países.

La actitud oficial argentina de votar contra Cuba produjo aquí una enorme reacción, un marcado repudio, incluyendo desde sectores populares amplios hasta el propio partido gobernante. El gobierno argentino actuó con cobardía, no tuvo el coraje de recibir debidamente al embajador cubano aquí, a pesar de las reiteradas solicitudes a la Cancillería, y el voto estuvo preparado para la foto y la sonrisa de George W. Bush y el presidente Fernando de la Rua, mientras éste visitaba Washington.

Por supuesto que olvidan en estos pases de obsecuencia la solidaridad de Cuba con otros países en cada momento difícil. Baste recordar los médicos, los estudiantes recibidos en ese país pequeño y digno, cuando se cierran universidades para los pueblos en toda la región, y qué no decir del enorme aporte cultural que hizo la revolución y su generosidad en estos aspectos.

Los derechos humanos no tienen fronteras, hacen a la vida misma de la persona y los pueblos. Cuba lucha por superar las dificultades y lo hace desde su propia realidad y necesidades, a pesar de la agresión y el bloqueo que le impone la gran potencia del norte.

Defiende Cuba el derecho a la autodeterminación, a la libertad de decidir sobre la clase de sociedad que se quiere construir: un país socialista en este caso. Y tienen todo el derecho a hacerlo sin imposiciones de terceros y sin bloqueos que nada tienen que envidiar a la Edad Media. Es triste la decisión claudicante de nuestro gobierno, porque a su vez viola la voluntad popular que se expresó en octubre de 1999, en base a un programa que fue lo que este pueblo votó, como anteriormente se violentaron todas las promesas y compromisos asumidos. Este gobierno no tiene ni decisiones ni pensamiento propio y nosotros debemos señalarle que hay cosas que no tienen precio, que no se compran ni se venden: la dignidad y la libertad.

El brasileño Paulo Freire decía que "lo contrario del amor no es lo que muchas veces se piensa, el odio, sino el miedo a amar, que es el miedo a ser libres".

Miércoles 25 de abril de 2001

(Tomado de la revista Koeyu Latinoamericano)